martes, 7 de mayo de 2013

Los cuentos de Don Verídico

El bagre ganó la puerta y salió rumbo al arroyo

Hombre que supo ser llevadero, aura que dijo, fue un tal Anular Gandúl, el casau con Apócrifa Visual, hija del viejo Visaul, que eran tres: Fallutita, Mentirola, y la tal Apócrifa, que con Anular se conocieron en el velorio de Palangano Mocheto, que tuvo la muerte del terrón de azúcar porque murió en un café. Eso en los tiempos del azúcar en terrón, que no había que sacudirlo como ahora con el sobrecito, que es un peligro porque uno se descuida por mirar la rubia que pasa, y capaz que le pega al pocillo, salta el pocillo, salpica a una vieja y con la cucharita que sale como chijete le saca un ojo a un señor, cosa que no peligraba con el terrón.

Y Anular salió llevadero de llevar. Ligero de mano pal agarre con disimulo. En las fiestas era un despiporre, y si lo descuidaba, se metía media torta de frutilla abajo del poncho. Y como le digo frutilla, le digo chantillí. Y una vuelta iba como bobiando por la orilla de un arroyo cuando justo va un pescador y engancha un bruto bagre, lo tira pa atrás, así, el bicho cae entre los pastos, y va Anular Gandúl y lo levanta, y se lo mete en la camisa y sigue caminando mientras el otro, como un abombau, buscaba el bagre entre los yuyos.

Anular Gandúl llegó al boliche El Resorte con el bagre abajo e la camisa, saludó, se acodó, y antes de que pidiera nada, el gato barcino, que estaba en aquella punta del mostrador, lo miró fijo, le clavó las vistas en la camisa, y a lo que vio algo que se movía se le acercó, el gato, y va y le siente olor a pescado. Fue olerlo, y allí mismito se agazapó, pronto pa saltarle.

Ahí el hombre se sintió molesto porque una aleta del bagre le rascaba el costillar, se abrió la camisa, y saltó el bicho pal mostrador. A lo que lo vio, el gato le bufó de lomo arqueado. Se ve que el bagre algo malició, porque con la misma ganó la puerta y salió campo afuera en dirección pal arroyo. Y atrás el gato. A los saltos, con apoyo en la cola, el bagre era asunto serio pa la disparada, pero el barcino lo llevaba cortito. Llegó el pescado al borde del arroyo con la idea de zambullirse lo antes posible, pero no le dio el resuello y quedó allí, en la orilla nomás, viendo como el felino se le acercaba con aquellas malvadas intenciones. Pero algo le dio al barcino, como un sentimiento le dio, y en lugar de saltarle arriba con las garras, lo empujó suavecito con una pata y lo hizo caer al agua. !Una fiesta aquel bagre!. Saltaba y hacía piruetas en el aire, lo mismo que un delfín, pero con bigote.

Después, cada tanto, cuando llovía y la seguidilla de charcos facilitaba la cosa, el bagre se iba hasta El Resorte, se asomaba a la ventana, y lo saludaba al barcino, de puro agradecido nomás.


Julio César Castro 'Juceca'

lunes, 6 de mayo de 2013

Hoy nacía...


... Julio César Castro, en 1928, también conocido como Juceca, humorista, narrador, actor y dramaturgo uruguayo. Se lo conoce principalmente por su personaje Don Verídico, con el cual desarrolló un tipo particular de humor absurdo ligado al mundo rural.


En 1962 crea su personaje “Don Verídico”. En los inicios de la década del setenta, escribe para el semanario “Marcha”, la revista “Misia Dura”, y varios diarios montevideanos.  También fue colaborador permanente de la revista literaria “Crisis”, de Buenos Aires, dirigida entonces por Eduardo Galeano, así como en las revistas “El  Porteño”, “Siete Días”, “Folklore”, etc. En la revista “Guambia” de Montevideo publico distintas secciones durante 20 años.

Como autor de teatro se destaca con “La última velada”, “El contrabajo rosado”, “Están deliberando” y varias adaptaciones de sus cuentos para elencos de Uruguay y Argentina. En Argentina escribió libretos de televisión  para personajes como Tato Bores, Moria Casán y  Luis Landrisicina, entre otros.

En calidad de actor y autor, Juceca protagonizó "El cuento perdido" en Teatro Circular de Montevideo,  y "Cien pájaros volando" en Teatro El Galpón, así como espectáculos unipersonales en diversas salas de capital e interior del país.

En 2003 hizo su debut como coguionista y actor cinematográfico en la película El Viaje hacia el Mar, encargándose de los diálogos en la adaptación del cuento de Juan José Morosoli junto al director Guillermo Casanova. Juceca encarnó al personaje de "Siete y Tres Diez".

Falleció a los 75 años, el jueves 11 de setiembre de 2003, en Montevideo, Uruguay.

jueves, 2 de mayo de 2013

"La cacería" Alejandro Paternain



Este es el fragmento de la novela “La cacería”,  dictado en el concurso “Cero Falta” de Bachillerato.  


Solo veinte minutos, menos de lo que había calculado. El barómetro indica otra vez tiempo bueno. Sale a cubierta, sacudiendo el tricornio, ansioso de los primeros rayos de sol. Cesa la lluvia, amaina el viento, se rasgan las nubes; pero el mar continúa revuelto, con oleaje verdinegro y crestas de turbias espumas.

Un grito resuena, pero sin destemplanzas ni anuncios temidos. Desde la cofa del mayor, el vigía, recién instalado, pregona la presencia de una vela. “Por la amura de babor”, repite sin que la voz le tiemble, como si entonase una vieja canción.

Es la vela pequeña. El catalejo la descubre hundiéndose y emergiendo tras el alzamiento y la caída de las olas. Vela única, aparejada a una antena, como de lanchón. ¿Pescadores arrastrados mar afuera por la tormenta? ¿Caboteadores procurando poner distancia entre su barca y los rompientes, y sorprendidos por el mal tiempo?

Alejandro Paternain
(Alfaguara, Madrid, 2012)



Alejandro Paternain fue un escritor uruguayo nacido en 1933. Se desempeñó, asimismo, como profesor de literatura y como periodista. Algunos de sus libros son “Aguas de Nazareth” (1966), “Dos rivales en fuga” (1979), “Los fuegos del Sacramento” (1998) y “El escudo de plata” ( 2001).

Falleció en el año 2004.

“La cacería”, catalogada como novela histórica, nos ubica en el tiempo de las invasiones portuguesas en nuestras tierras, y nos presenta, con verosimilitud inusual, aventuras que bien podrían haber acontecido en buques de aquella época.

La novela “La cacería” se encuentra en nuestra Biblioteca disponible para su préstamo a domicilio o lectura en sala. ¡Disfrútala completa!!

Romance del Conde Olinos

Madrugaba el Conde Olinos,
mañanita de San Juan,
a dar agua a su caballo
a las orillas del mar.

Mientras el caballo bebe
canta un hermoso cantar:
las aves que iban volando
se paraban a escuchar;
caminante que camina
detiene su caminar;
navegante que navega
la nave vuelve hacia allá.             
Desde la torre más alta
la reina le oyó cantar:
-Mira, hija, cómo canta
la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre,
que esa no tiene cantar;
es la voz del conde Olinos,
que por mí penando está.
-Si por tus amores pena
yo le mandaré matar,
que para casar contigo
le falta sangre real.
 -¡No le mande matar, madre;
no le mande usted matar,
que si mata la conde Olinos
juntos nos han de enterrar!
-¡Que lo maten a lanzadas
y su cuerpo echen al mar!
Él murió a la media noche;
ella, a los gallos cantar.
A ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar,
y a él, como hijo de condes,
unos pasos más atrás.
De ella nace un rosal blanco;
de él, un espinar albar.
Crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.
De ella naciera una garza;
de él, un fuerte gavilán.
Juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan para a par.

Romance del Enamorado y la Muerte


Un sueño soñaba anoche,
Soñito del alma mía,
Soñaba con mis amores
Que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca
Muy más que la nieve fría.
- ¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
Ventanas y celosías.
- No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía.
- ¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy de prisa se calzaba,
Más de prisa se vestía;
Ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
- ¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio
Mi madre no está dormida.
- Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
junto a tí, vida sería.
- Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
La Muerte que allí venía:
- Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.

Anónimo



Los artistas uruguayos Cristina Fernández y Washington Carrasco 
interpretando el "Romance del Enamorado y la Muerte"

Romance del Prisionero

Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba el albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.


Anónimo

miércoles, 1 de mayo de 2013

Feliz Día del Trabajador